En una gran sala hay una vieja mesa, sobre ella una taza con un café que se enfría. Yo la miro, mientras sorbo a sorbo voy recordando y veo que no vienes a tomar ese café conmigo. En el aire se entrelazan una combinación de olores; por un lado el aroma de aquel café y por el otro el de la tierra que fue mojada por una suave lluvia de aquel inolvidable veintidós de junio. En el que te extrañe porque te estuve buscando y no estabas. Desde entonces no he vuelto a ver tu tierna sonrisa, extraño tu sabiduría y aquellos ojos tristes que no me miran mas.
Ahora quisiera poder volver a abrazarte y decirte lo mucho que te quiero y que jamas he de olvidarte. La vida mía completa cambió por el amor que me diste y por las frases sabias que me decías.
(A mi querida e inolvidable abuelita Diana, que ya vive con Dios)
Que profundo lo que escribiste, Luisma. Me recordaste a mi bisabuela, que en paz descanse. Ella era una persona tan llena de amor y que me enseñó tantas cosas. Todavía recuerdo algunas de las suyas y me río como en aquellos tiempos.
ResponderEliminarMe encantó el título que le diste y la forma en que comienzas a narrar.
Un beso!